Exposición “Haikus Visuales”, Fundación Ludwig, La Habana, Cuba, 2007

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Haikú, “algo a medio decir”*, no es sólo poesía, es un estado de alma. El zen lo encarnó en Japón a partir de sucesivas transformaciones del Renga, poema breve tradicional. Consta de 3 frases, 17 sílabas en total (5/7/5). Está muy codificado, aunque adopte aires de improvisación. Sencillo, evocativo, se refiere a la naturaleza, busca atrapar lo fugitivo y exige una colaboración entre poeta y lector. Por todo ello, me interesa plásticamente.

Haikús visuales es mi trabajo actual sobre papel. Entrelaza dos ideas que hablan de vida: lo vegetal -la caligrafía de la vida- y la escritura -el rastro vital del hombre-. La interrelación me empezó a interesar cuando asumí, de pleno, que la naturaleza determina el destino, vida y obra del ser humano; somos biología, y esta no es fatalidad; es también albedrío inteligente del sistema.

Parto de la idea de las formas fractales vegetales** como explicación de la colonización intima y delicada del espacio por la realidad vital. Los fractales responden a la autosimilaridad: una estructura cerrada y abierta al infinito. La naturaleza se manifiesta a través de ellos como un inmenso laboratorio, como una forma de escritura, en donde los signos más pequeños, dentro de su inmediatez, reflejan todo lo enorme que nos rodea y los dota de sentido. Los seres vivos son textos (genomas) distintos, escritos todos en el mismo idioma (código genético), con un alfabeto de cuatro letras (bases) y un diccionario de veinte palabras (aminoácidos), como dice Wagensberg***.
Enlazo formas vegetales con la escritura que es, a su vez, la huella fractal del pensamiento del hombre. La escritura se mueve y desarrolla por ondas, como la energía en el universo. Por ello, mis grafías tienen que ver más con la escritura automática de surrealismo que con discursos coherentes.
Mi trabajo, en cuanto aúna elementos de naturaleza vegetal –hojas, flores…-, con escritura (como en todas las pinturas de extremo oriente), se puede insertar en una cierta manera de ver de acentos orientales (por otro lado, muy arraigados ya en la contemporaneidad occidental). Pero mi pintura de ninguna manera puede ser calificada con propiedad de oriental –no sigue las reglas codificadas del arte chino o japonés tradicional– y es plenamente occidental en cuanto a su libérrima libertad de ejecución (mi encuentro con el arte oriental es superficial pues solo tomo de oriente lo que me sirve).
¿Qué persigo con este paso occidental por oriente, por este depurativo oriental?
Antes de nada, retornar al espacio espiritual, al papel casi religioso, del arte. Creo que el quehacer de los artistas permite dar algo más de esperanza a la condición humana. De paso, el zen me permite reaccionar contra ciertas conductas artísticas deleznables, como los excesos de muchos neos retroalimentados por los shows museísticos, o el arte de consumo rápido, de usar y tirar, o el de todo vale, porque simplemente vende.
Frente a la tentación de la hiperactividad o la huida hacia delante, oriente me hace optar por permanecer quieto delante de objetos de apariencia nimia e insignificante y, con ellos, entenderlos mejor y comprenderme yo mismo; la idea y las acciones apropiadas surgirán por sí mismas. Utilizo el arte como vía de conocimiento, no como juego estético, e intento vindicar la belleza de los materiales simples, los que pasan desapercibidos todos los días, frente a la apabullante innovación tecnológica que prima el concepto frente a artesanía. No obstante, el concepto sigue siendo muy importante, pero de otra manera, ya que la realización del objeto artístico de forma artesanal, que implica más tiempo, su meticulosa elaboración, me concede un respiro para seguir destilando la idea que va implícita en el concepto de la obra. HAIKÚS VISUALES no es volver a pintar la rosa; es otra cosa, es intrahistoria y no es lo políticamente correcto, afortunadamente.
La creación plástica, algo bastante misterioso, que se ha convertido en una necesidad, una dependencia. Procuro asumirla como se llevan los vicios inconfesables, con dignidad.

Manuel Valencia La Habana, junio 2007

* “The half-said thing” como la definía Basho, s. XVIII, posiblemente el mejor autor de haikús.
** Mandelbrot, Richardson, Wagensberg. De este último recomiendo la lectura de La Rebelión de las Formas.
*** “Si la naturaleza es la respuesta ¿Cuál es la pregunta?” (Tusquets Editores)

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