Exposición “Poemas Naturales”. Instituto Cervantes, Belgrado, 2010



El negro contiene todos los colores

El espectador ante un cuadro o una escultura tiende a identificarse con el tema, a interpretar las imágenes como si fueran independientes. Ante el dibujo, en cambio, tiende a identificarse con su autor, interpretando sus imágenes como si las viera a través del ojo del artista.

John Berger “The Look of Things”,1973

Ahora ya no pinto, sólo hago dibujos. Hace tiempo, sin saber porqué, opté por dibujar. Me siento cómodo en ese medio de expresión y los dibujos se han ido convirtiendo en el “cuaderno de viaje” de los últimos diez años. Son la herramienta con la que depuro ideas recibidas y destilo opciones vitales; me ayuda a eliminar lo accesorio y seguir adelante. Dibujar es mi psicoanálisis.

En la edad de la tecnología, presento aquí hojas, simples y modestas, y, sin embargo, infinitamente más perfectas que nuestros artilugios electrónicos. Cuando comprendes esto empiezas a entender. Descubrí la naturaleza en Japón. Allí te enseñan que el hombre se injerta en la naturaleza, de la que es parte, y no se contrapone a ella, como hace la cultura judeo-cristiana. Sumergido en botánica, comencé a entender algo de la vida frente a los galimatías filosóficos.  Encontré así algunas respuestas, humildes, pero que se sostienen. La naturaleza explica mejor el mundo de las tribus humanas que los libros de sociología o historia. No hay más que echar un vistazo a los documentales sobre la naturaleza para comprender la política nacional e internacional. Estas meditaciones, recogidas en dibujos, me han permitido seguir caminando tras un rastro. Todo está ahí.

En justa correlación, la técnica de dibujo, en negros y blancos, busca también depuración, esencia pero sin pobreza, pues el negro contiene todos los colores. Algún día volveré al color, hoy sería prolijo.

Una cierta poesía de cosas y palabras desencadena el proceso de creación, que se cuece a fuego lento en la cabeza. Luego se filtra en esos papeles que busco en el mercado de Liulichang, junto a la Ciudad Prohibida, en Pekín (son papeles de arroz que traen de la provincia de Anhui siguiendo recetas propias desde la dinastía Tang). El dibujo se convierte en un microcosmos de múltiples asociaciones e iconografías, diferentes formatos y técnicas. No excluyo el azar, esos accidentes, que la sincronía del Tao nos dice son motores del cielo y la tierra.

Hoy la obra de arte no se deslinda de la vida de su autor. Este vínculo se refuerza en el dibujo, donde el espectador ve primero al ejecutor antes que el motivo representado.  El espectador se convierte en voyeur involuntario de la peripecia vital del artista, sin que quepa la coartada del pudor. Por eso el dibujo es tan contemporáneo.

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