Tinta española

El mundo del arte no tiene fronteras

La tinta de Valencia

Quince años atrás, un artista español vio por primera vez en Kioto dibujos con tinta china sobre papel de arroz (xuanzhi) y quedó cautivado al instante por la fuerza expresiva de un medio diferente al óleo; quince años más tarde, este artista español ha expuesto una serie de obras, resultado de su experiencia a lo largo de los dos últimos años como Embajador de España en China, en la galería MAO SPACE de Shanghai bajo la muestra en solitario Poemas del mar. Este es nuestro personaje de hoy: Manuel Valencia.

Texto: Vicco Wu/ Maquetación: Jimyi/ Fotografía: Photoli/ Imágenes cedidas por MAO SPACE/ Espació: Taller Lichao/ Consultor artístico: Jin Hua/ Editores: Keke, Miki

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Una vida trabajando la tinta

Manuel Valencia - Impresiones de recorte de 9 x 13 cmAcudir con un interrogante a contemplar la muestra Poemas del mar inaugurada en la galería de Shanghai MAO SPACE es inevitable. Su protagonista, Manuel Valencia, recurre al uso de la tinta china contemporánea y al arte conceptual para componer un «poema» entrelazado. Sin embargo, partir de forma exclusiva de la moda de la “tinta china contemporánea” surgida estos últimos años para apreciar la obra de Valencia resulta parcial pues, no en vano, este artista español lleva quince años trabajando el medio. El profesor Jin Hua, catedrático de la Academia Central de Bellas Artes de China y amigo de Valencia, pone como ejemplos La casa de té y al dramaturgo Lao She para expresar un tema tan complejo como la universalidad del arte en términos sencillos: “Lao She vivió y trabajó muchos años en Inglaterra y adquirió una profunda comprensión de las cosas desde la perspectiva de dos culturas diferentes. Logró una obra como La casa de té gracias a su mirada incisiva y su habilidad para contemplar la esencia y las inmundicias de la cultura pekinesa tradicional desde una visión internacional”.
El mundo es inmenso y no podemos elegir nuestra nacionalidad al nacer, pero el lugar en que nos criamos no es tan importante; la clave está en rehuir de visiones simplistas a la hora de experimentar y analizar el arte, y en evitar imponernos restricciones. Alejándonos del contexto chino nos damos cuenta de que la tinta no es sólo cosa de dos años, que ha habido desde hace muchísimo tiempo quien no ha cesado de experimentar con ella y que tiene un ámbito mucho más amplio.
“Me gustó la tinta la primera vez que la vi. A continuación comencé a trabajar con ella y ya no pude parar. Desde entonces han pasado quince años”. Cuando Valencia explica la primera vez que apreció dibujos con tinta china en Kioto, impregnados del estilo Tang, esa emoción se contagia a todos y cada uno de los presentes.
La obra de Valencia no está sujeta a las formas tradicionales chinas: “No he tenido una educación formal en arte oriental, en mi cabeza no están presentes los grandes maestros de la antigüedad y, al carecer de esta devoción, tampoco estoy atado a ellos. Tal vez este es el motivo por el que no me he sentido encadenado a esas técnicas y normas”.
La tinta china de Valencia, si bien emplea materiales tradicionales chinos y mantiene en apariencia cierta relación con Oriente, se distancia a la vez por completo. En sus creaciones emplea con habilidad materiales novedosos que conoce bien, como el lápiz, la tiza o el propileno, y los mezcla para expresar lo que siente y piensa, recurriendo incluso a otras técnicas occidentales como el collage. Vuelca la tinta sobre el papel a su gusto y a veces emplea las manos para pintar.
“Tanto chinos como japoneses están sujetos a unas prácticas muy definidas y concretas en caligrafía y pintura, pero yo no tengo restricción alguna. Desde el primer boceto hasta la obra final, todo nace de la inspiración”. Este estado de libertad absoluta permite a Valencia redimirse de técnicas heredadas y entrar en contacto con su propio talento artístico utilizando medios sencillos para expresar sus sentimientos.

Manuel Valencia - Sea Poems 28

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Buscando la orientación en el mar del arte

“Hay personas que son artistas desde que nacen y hay personas que no podrían llegar a artistas en toda una vida”.
Manuel Valencia nació en Madrid y estudió en los noventa con grandes maestros holandeses como Pien Hazemburg, Bob Bonis y Dora Dolz, entre otros. “En la Academia de Bellas Artes de La Haya estudié pintura clásica, a respetar las técnicas clásicas y a discurrir por la senda del realismo”.
El estudio del arte en Holanda se divide por igual entre teoría y práctica. “Debíamos visitar museos y pinacotecas, y estudiar tratados de teoría. Luego investigábamos y discutíamos entre todos. La otra mitad de tiempo que quedaba libre era la que podíamos dedicar cada cual a nuestra obra”. En un principio, Valencia no se dedicó de forma profesional a la carrera artística por motivos personales, pero este estudio continuó durante treinta años. “Desde que comencé a estudiarlo hasta hoy, llevo treinta años ahondando en qué es el arte”.
Parecería que treinta años son muchos, pero en realidad son poco tiempo. “Llevo todo este tiempo buscando una dirección. He desechado lo que no me interesaba y continuado con lo que me interesaba. He ido por mi propio camino y estos treinta años han pasado en un instante”. Valencia ha expuesto su obra a lo largo de las últimas décadas en Pekín, Utah, La Haya, Voorburg, La Habana, Madrid, Barcelona… Mientras tanto ha escrito de forma ininterrumpida y publicado Diario de viajes acelerados, Tintas comunicantes y Diario de viajes acelerados —10 años, entre otros.
“En la cultura hay diferencias y similitudes. Cuando vas a otro lugar te das cuenta de que muchas de las cosas que considerabas normales y a menudo pasabas por alto son en realidad muy especiales”. Por este motivo, Valencia descubrió un día el papel, se entusiasmó y siguió por ese camino.

Conocer la propia identidad

Manuel Valencia - Sea Poems 21El día del montaje de la exposición, Valencia realizó un dibujo con tinta china en la galería MAO SPACE. “Dibujé un paisaje en un espejo de la galería, de forma que quien contempla ese paisaje pasa a estar dentro y formar parte del mismo”. La explicación de Valencia recuerda a Alicia a través del espejo: “Al entrar en el paisaje te vuelves más misterioso. Los demás saben que te encuentras a este lado del espejo, pero no pueden imaginarse cómo te sientes al otro lado”. En este punto la técnica deja de ser un factor importante y la clave reside en la idea del artista y en cómo se plasma.
“Todos tenemos un pasado y un futuro. Estamos ya en el siglo XXI y debemos buscar nuestra verdadera identidad”. Valencia considera que pinta para buscarse a sí mismo. “No se trata sólo de la persona sino de explicar las propias ideas desde una perspectiva artística. Lo que parece una pintura de un paisaje es en realidad una pintura interior”.
“¿Quién soy? ¿Dónde quiero ir?”, cuando uno responde con claridad a estas preguntas sabe qué quiere hacer. En la obra titulada Autorretrato Valencia pinta árboles y hojas sobre un gran pliego de papel. “Esto es en realidad un reflejo de mi interior”. El pintor emplea el pincel para resolver las grandes cuestiones filosóficas. Lleva haciéndolo sin cesar desde los últimos cuatro o cinco mil años y sin duda alguna seguirá haciéndolo en el futuro. Valencia pone como ejemplo al pintor estadounidenses Willem de Kooning y su “hasta la muerte” como metáfora de la misión del artista: “Pintar es la vida del artista”.
Valencia siente que le falta el aire el día que no pinta algo. Siempre lleva encima una libreta de papel de arroz y aprovecha cualquier momento que le queda libre para dibujar. “No me separo de esto. Basta con dibujar un esbozo para que me sienta parte de él, así que casi no me queda tiempo para dedicarlo a otros vicios”.
“Tengo una faceta de diplomático, pero esto no significa que vaya a abandonar mi carrera artística. Pasados unos años, cuando mi misión toque a su fin, seguiré creando porque el arte es una profesión vitalicia”. El arte y la vida no se separan en el mundo de Valencia. “Antes trabajaba para la empresa privada y ahora estoy sirviendo a mi país. En el trabajo me implico plenamente en mis responsabilidades, pero el artista crea con la cabeza. Cuando trabajo no tengo tiempo para dibujar, pero a menudo surgen imágenes. Así introduzco el arte en mi carrera profesional, de forma que ambos acaban estando unidos”.

En el camino del arte no hay atajos

En cuanto a la relación entre el arte global y local, Valencia considera que el arte de hoy en día no tiene fronteras. El teléfono móvil conecta cualquier distancia. “Es muy fácil conocer qué están haciendo otros artistas. Esta forma de intercambiar información entre unos y otros es en realidad muy parecida en cualquier lugar del mundo. Claro que esto lleva a veces a muchos artistas a copiar de aquí y allí, buscando un atajo para hacerse famosos cuanto antes. En mi opinión esto es un error, un camino sin salida”.
Valencia subraya que hay algunos aspectos que no deberían preocupar al artista en absoluto: el primero, la fama; el segundo, el dinero; y el tercero, el éxito. “Basta con hallar la identidad que se corresponda a la perfección con nosotros mismos, saber quiénes somos. Tal vez esas cosas lleguen solas sin darnos cuenta, aunque eso tiene mucho que ver con las circunstancias y la suerte personal de cada uno. Si piensas en buscar atajos, tu arte será basura”.

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