The Skin Of The Sea – Yuan Space, Beijing, 2014

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Islados: Cruces liminales

Ensayo para Skin of the Sea: Obra reciente de Manuel Valencia, cuya exposición tendrá lugar en Yuan Space, Beijing CHINA, Marzo 2015

Skin of the Sea

A primera vista, Islados, una serie de marinas monocromáticas en técnica mixta del artista español Manuel Valencia, parece poner en escena la poesía de su santuario interno, concebido a partir del legado artístico del romanticismo, el expresionismo abstracto y el minimalismo. Sus “marinas”, de amplio horizonte compuestas en dos niveles, nos presentan un paisaje oceánico, sumergido en un sueño de ilusión, como un entorno distante que evoca el encuentro emotivo de lo completo y lo inalcanzable. Con reminiscencias de los horizontes espectrales que podemos ver en los espiritualmente inspirados trabajos de Mark Rothko, Cy Twombly y Gerard Richter, Islados envuelve nuestros ojos en un inmenso campo visual, evocando una experiencia sensorial del infinito e interiorizando lo sublime. En su statement artístico, Valencia describe Islados:

“Sueño, tiene comienzo y fin, pero carece de orillas. Soledad del artista, vasta y vacía como la del mar. Ser aislado. Soledad, pero independencia, supervivencia del individuo. Infinito, solo hasta donde alcanzamos a ver”.

El acto de ver, a caballo entre la oscuridad y la luz, es una respuesta de la emoción que históricamente ha cautivado a pensadores y artistas en todos los tiempos y culturas. Es en ese cruce momentáneo entre ambos espacios, cuando la subjetividad se transfiere desde una primera consciencia hacia la autoconciencia intensa, del cuerpo a la mente. A través de planos lumínicos, emerge un límite, la antesala de la conciencia interna. Plagado de significados enriquecidos e interpretaciones filosóficas, científicas, literarias y psicológicas, es inevitable que un límite así pueda rendirse a las interpretaciones artísticas más inspiradas.
Aún así Islados está dinamizado por una visión más compleja que la de ser simplemente el destilado autorretrato romántico del artista solitario. Cuando se evalúan en la paleta intercultural de la metodología y los medios en los que se mueve Valencia, algo nuevo, original e intrigantemente significativo aparece.
Nacido en Madrid, Valencia se crió en la costa del País Vasco. Apasionado por el arte, en su juventud visitó estudios de artistas españoles y también holandeses, conocidos por su sensibilidad hacia la luz y su inclinación hacia el azar y la espontaneidad en el proceso creativo. Los cuatro años que pasó Valencia en la Academia de Bellas Artes Stichting de Vrije en La Haya fueron el ambiente ideal para que adquiriese sólidos conocimientos en dibujo, composición y teoría contemporánea. Se entrenó como artista figurativo durante casi catorce años, aprendiendo del surrealismo y familiarizándose con el óleo y la madera, el acrílico, la acuarela y la técnica de acabados en témpera del renacimiento flamenco y holandés. Es también un experimentado viajero alrededor de todo el mundo debido a su antigua ocupación como hombre de negocios, y Valencia admite ser “poroso a las influencias externas”, abierto a explorar lo que él llama los “sedimentos de las experiencias vitales”. Un viaje a Kyoto hace quince años resultó ser una experiencia que le abrió los ojos y le inculcó esa sensibilidad hacia la estética china de las Dinastías Tang y Song. La revelación de la estética asiática como una manera alternativa de mirar y de crear que, según Valencia, “le cambiaron como hombre, como artista”.
Valencia llama Islados a su “paisaje de hilos… una lucha entre concepto y emoción contra un fondo dramático”. De cuadro a cuadro, las líneas gesticulan como tensiones psicosomáticas progresivas. Con hilos destrozados, lanas encontradas y tiras retorcidas de fibras de papel, crea un espectro de líneas ondulantes que sobresale de la tinta de las superficies, atrapando nuestra mirada en una cruda danza óptica. Aventureras, osadas y exuberantes, las robustas líneas de Valencia parecen resonar con el abandono de la escritura caligráfica. Exaltan la libertad del proceso de creación y rebosan energía como pinceladas en plena ejecución.
Prendidas en la suave textura del papel de arroz chino, sus intrincadas líneas reflejan una ejecución gestual que va en contra de las convenciones artísticas. Como personajes sobre un escenario, sus líneas palpitan, a veces como un murmullo susurrante, a veces como un torrente atronador, tomando la forma de pequeñas letras, estrofas poéticas, tormentas, vientos atmosféricos, explosiones y erupciones, atravesando y convergiendo en ondas de puntos, garabatos, nudos y turbulencias. Lo visible aquí no es una mera invitación a ver el infinito, más bien la mano deliberada del artista excavando, recortando y rascando, y su esfuerzo consciente por la deconstrucción y la reconstrucción. Entre carnalidad y abstracción, Valencia moldea líneas, formas y materiales que sobresalen tridimensionalmente, como extensiones corpóreas que dominan el espacio. En más que alguno de sus trabajos, una orilla emerge repetidamente en el lado izquierdo, encontrándose con el mar para interceptar el horizonte. Vivos, por su atrevida encarnación, estos bancos de tierra moldeados con papel maché, ejercitan contorsiones musculares. Son carnales, viscerales, elementos bárbaros que interfieren para interrumpir nuestra mirada hacia el infinito.
Las imaginativas formas de las orillas de Valencia, las montañas, las líneas, rezuman la fuerza visceral de poseer con autoridad el espacio en el que están colocadas. Valencia usa elementos literarios para imbuir su arte de significado. En una pieza notable, alude al nihilista tema de la muerte, el vacío y la desesperación, escribiendo a mano fragmentos del poema elegíaco de T.S. Eliot “The hollow men”. Lo transparente y la fragilidad, abiertas a encrucijadas y destrucciones, también juegan un importante papel en el trabajo de Valencia. Como si fuera una instalación inquietante, Valencia eleva el espectro entero de sus fibrosos hilos fuera del lienzo, suspendiéndolos como una débil cortina de redes rasgadas, haciendo la pieza accesible desde todos los puntos de vista, pero también vulnerable y erosionada en forma y materia.
En superficies como la del papel de arroz chino, íntimamente cargado de referencias culturales e históricas a aislamientos espaciotemporales, las “marinas” llenas de hilos pugnan una batalla sensorial para entrever un horizonte de apariencias sensuales, y cuestionando esencialmente nuestros hábitos de ver en los umbrales de la percepción. De cuadro a cuadro, el espectador es atraído a un proceso de identificación sin límites que busca continuamente conseguir coherencia, pero que nunca alcanza. Islados nos pide entrar en una aceptación abierta de reconocimientos combinados a lo largo de fronteras y límites. Es desde esta visión donde la identidad dual de Valencia como artista y como Embajador de España en China se convierte en una emocionante personificación de una auténtica y devastadora experiencia estética en la encrucijada de la persona y el mundo.

 

Yiling Mao
Fundadora y directora ejecutiva, Art Collectives, NY
A.B., A.M., East Asian Languages and Civilizations, Harvard University
M.Phil, Art History and Archaeology, Columbia University
Former Director of Sotheby’s; Special Advisor to Sotheby’s Institute of Art at Tsinghua University
Special Advisor to Beijing International Culture Center
China Advisory Board Member, Lincoln Center for Performing Arts

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